Por Mr. D, (Facebook,Patreon)
Una madre cuelga el teléfono temblorosa, aún sin lograr comprender del todo lo que acaba de escuchar al otro lado de la línea. Enciende el televisor y ve las noticias, lo anuncian en los dos mediocres canales de la nación, una tragedia con precedente pero igual de dolorosa que las anteriores: un dispositivo explosivo ha detonado llevándose consigo algunas almas desdichadas. «Esto le pasa a otros» pensó «no a mí». Calla y escucha el reporte unos segundos más. “no a mí”, se dice; “no a mi hijo”, susurra. Quiere gritar pero no puede, su dolor se derrama y le colapsa las piernas. Es su hijo una de esas almas desdichadas. Ha muerto y nunca sabrá quién lo mató, no personalmente al menos. Por el resto de sus días solo conocerá un nombre para la amorfa entidad que la dejó sin él: FARC.
